Benita – LA Preciosita

Mi llegada a La Preciosita (Puebla), fue un miércoles. Realmente no estaba segura si iba encontrar a la partera porque ella no sabía que yo estaba en camino … Yo sólo tenía un nombre, y así me lancé a la aventura de su búsqueda.

De hecho, no encontré a Benita. Pero sí a su familia, quienes me dijeron que ella llegaría el viernes en la noche.

Me recibieron con sorpresa; no sabían quién era, de dónde venía… Pero al igual que toda la gente que me ha recibido en la ruta, tenían el corazón abierto y me dejaron pasar.

Su hija, Lupita, estuvo siempre atenta, mirándome, tratando de descifrar mi presencia. Los días junto a ella fueron de preguntas, risas, de aprender a hacer tortillas en el comal, de acompañarle en su cotidiano siendo madre de dos hijos, de recibir su abundante y amorosa comida y compartir en silencio.

Al momento de la llegada de Benita, compartimos pocas palabras. Llegó por la noche, venía de un pueblo cercano que estaba de fiesta, donde ella ayudó a preparar los alimentos para el baile. Nos saludamos, me dio la bienvenida y nos fuimos a descansar, ya que al día siguiente todos se estaban preparando para el gran festejo de una fiesta de 15 años dentro de la familia.

Benita iba ayudar todo el día en la fiesta.


Fiesta de 15 

Para mí fue un gran ritual. Desde la misa (ojo que no he ido a misa desde hace mucho tiempo, pero me contaron que el padre del pueblo era todo un personaje, y así fue) hasta el vals familiar (donde se puede observar la niña transformándose en mujer) junto a sus chambelanes (que, desde el movimiento y el coqueteo, realizan varias coreografías preparadas desde hace mucho tiempo para ese día). Entre los mariachis y el tequila, se presenta a la sociedad a la hija, que ahora es toda una mujer.

Aunque yo era la extranjera del pueblo, con amor me permitieron participar en esta gran celebración y yo, me dediqué a mirar y observar, maravillada por todos los matices que logré encontrar. Permanecí sentada, agradeciendo la comida, el festejo y mi silencio.


Después de la parranda, una siempre vuelve a la realidad. 

Durante varios años, La Preciosita tuvo un índice muy alto de migración de los hombres hacia los Estados Unidos. Algunos abandonaron a toda la familia y no se supo nada más de ellos, otros, encontraron nuevas posibilidades, enviaban dinero y lograron volver luego de varios años. También el índice del embarazo adolescente tuvo un alza muy grande, como todo pueblo, así de chiquito, mágico y solitario, las mujeres son madres y los padres son campesinos, que buscan nuevos horizontes.

Entre esas historias de pueblo siempre hay una partera, por eso llegué a Benita, quien dejó su labor hace ya 4 años.

“Es que todo se dio a raíz del Seguro Popular, nos empezaron a dejar sin materiales y ya no nos capacitan…”

Desde los 21 años más o menos, ella empezó a aprender junto a su suegra (que era partera en Puebla), quien le enseñaba a “aliviar” (parir) y sobar. Además de eso, Benita tiene estudios sobre medicina tradicional y botánica natural.

“Yo siempre busqué capacitarme para dar un mejor servicio, tengo hasta un reconocimiento como Partera Tradicional”


Tiene su propio huerto de plantas medicinales que, con las lluvias, y por su trabajo en la ciudad estaba un poco abandonado. A mí me pareció hermoso, se sentía el amor en ese pedacito de tierra.

Ella trabajó durante 22 años en el Sector Público como ayudante en partería y medicina tradicional en San Martín de Texmelucan, pero poco a poco se fue perdiendo…

“Es por el bien de las mujeres, no quiero que tengan problemas en la clínica o con los médicos…”

“Más aun en el pueblo, donde cada día llegaban más mujeres que sólo necesitan que les sobe, porque querían aliviarse en el hospital o la clínica… Y todo esto por la carta de nacimiento; si le atiende una partera, se demoran más de 2 meses en darle una respuesta sobre el registro del niñx y la posibilidad de obtener sus vacunas… Mi sobrina, por ejemplo, que se atendió con una partera, aún no la tiene.”

Se siente su pena, porque ha sido algo que le han quitado de las manos, sin que ella quiera. Ahora sólo realiza el control del embarazo, la sobada y cierre.

La charla con Benita se dio mientras realizaba todos sus quehaceres de la casa: lavar ropa, dar de comer a los puercos y pavos, preparar la comida…

Benita, sus nietos y un pavo

Una mujer muy activa, dispuesta aprender. Amante del campo, del movimiento y de la vida, desde su timidez y confianza, compartimos un día juntas. Hubiera querido quedarme unos días más, pero yo tenía que continuar el camino y ella también tenía que volver a la ciudad.

El paso por La Preciosita me trajo un sabor extraño. Me hizo pensar sobre el lugar con privilegios de chica citadina que tengo, la información que traigo, las preguntas que me hago, la curiosidad que me abruma, las decisiones que tomo…

Benita , Lupita, su esposo e hijo

En el campo, el tiempo pasa de una manera distinta. Las necesidades son más básicas: realizar las tortillas en el comal, calentar el agua de la ducha con leña en un día frío, tener listo el desayuno, el almuerzo y la cena para los esposos, ciudar de los niños/as.

Así se pasan los días. No hay tiempo para preguntarse tanto y tampoco hay muchas respuestas…

Fue una estadía de sueños profundos. A veces con miedo de ser la mujer que llegó en bici y que nadie ubica en este lugar tan alejado, a veces con sentimientos de vulnerabilidad y silencios profundos.

Donde pensé mucho en las diferentes realidades de convivir como mujer, como madre, hija y partera. Agradeciendo siempre la apertura por poder entrar unos días en la vida de esta fuerte y hermosa mujer y así compartir la palabra y contar su historia.